{"id":7818,"date":"2020-06-11T15:43:49","date_gmt":"2020-06-11T15:43:49","guid":{"rendered":"https:\/\/capazmente.com\/investigacion\/?p=7818"},"modified":"2021-01-20T16:26:11","modified_gmt":"2021-01-20T16:26:11","slug":"la-muerte-ya-no-es-una-fiesta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ciesas.edu.mx\/investigacion\/noticias\/la-muerte-ya-no-es-una-fiesta\/","title":{"rendered":"La muerte ya no es una fiesta"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La pandemia del coronavirus no solo est\u00e1 arrebatando vidas y trabajos. Tambi\u00e9n ha quebrado los rituales y s\u00edmbolos funerarios esenciales para la identidad mexicana<\/h3>\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/myGVaPKjABsHmFkiCsgd-uOjp00=\/1500x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/7OHUOBGZ65HHPOLTBSORRXW52I.jpg\" alt=\"Asistentes al entierro de Uri Robledo, en San Andr\u00e9s Mixquic.\"\/><figcaption>Asistentes al entierro de Uri Robledo, en San Andr\u00e9s Mixquic.Teresa de Miguel<\/figcaption><\/figure>\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/dialog\/share?display=popup&amp;app_id=94039431626&amp;href=https%3A%2F%2Felpais.com%2Fcultura%2F2020-05-31%2Fla-muerte-ya-no-es-una-fiesta.html%3Fssm=FB_CC&amp;quote=La%20muerte%20ya%20no%20es%20una%20fiesta\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><\/a><a href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?url=https%3A%2F%2Felpais.com%2Fcultura%2F2020-05-31%2Fla-muerte-ya-no-es-una-fiesta.html%3Fssm=TW_CC&amp;text=La%20muerte%20ya%20no%20es%20una%20fiesta&amp;via=el_pais&amp;lang=es\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><\/a><a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2020-05-31\/la-muerte-ya-no-es-una-fiesta.html#comentarios\"><\/a><a href=\"mailto:?subject=La%20muerte%20ya%20no%20es%20una%20fiesta&amp;body=https%3A%2F%2Felpais.com%2Fcultura%2F2020-05-31%2Fla-muerte-ya-no-es-una-fiesta.html%3Fprm=enviar_email\"><\/a><a href=\"https:\/\/elpais.com\/autor\/david-marcial-perez\/\">David Marcial P\u00e9rez<\/a><a href=\"https:\/\/twitter.com\/DMarcialPerez\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><\/a>M\u00e9xico &#8211; <a href=\"https:\/\/elpais.com\/hemeroteca\/2020-05-31\/\">31 may 2020 &#8211; 10:51 <abbr title=\"\">CDT<\/abbr><\/a><\/p>\n\n\n<p>Brandon y sus primos han estado toda la ma\u00f1ana raspando la tumba de su abuelo. Raspar significa cavar la tierra, quitar la l\u00e1pida, abrir el f\u00e9retro, guardar los huesos en bolsas y dejar espacio en el hoyo para el siguiente difunto. Mientras maniobraban con los restos del se\u00f1or Fernando, los primos no han parado de fumar cigarro tras cigarro. Dicen que es para protegerse del aire que sale de la tumba, dicen que \u201cel aire\u201d te entra por la boca, te pone los ojos rojos y te da dolor de cabeza.<\/p>\n\n\n<p>El f\u00e9retro de Do\u00f1a Urita, la esposa del se\u00f1or Fernando, lleg\u00f3 al cementerio a las 3 de la tarde a hombros de siete de sus 12 nietos. El guarda del pante\u00f3n les abri\u00f3 la puerta que llevaba cerrada todo el d\u00eda y s\u00f3lo dej\u00f3 entrar a la familia. Caminaron en silencio bajo un sol de plomo. No hubo p\u00e9talos de flores por el suelo, ni cohetes en el cielo, ni alcohol, ni m\u00fasica de mariachis. <a href=\"https:\/\/elpais.com\/noticias\/coronavirus\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">La pandemia<\/a> ha obligado a rebajar las tradicionales exequias mexicanas hasta convertirlas casi en un recuerdo legendario.<\/p>\n\n\n<p>El pante\u00f3n de <a href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2016\/11\/02\/mexico\/1478111899_470831.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">San Andr\u00e9s Mixquic <\/a>lleva tres semanas cerrado y nadie termina de acostumbrarse. El cementerio es el lugar m\u00e1s famoso de este pueblo de campesinos y agricultores de la periferia de la capital, casi en el borde con Estado de M\u00e9xico. Desde antes de la colonia \u2014cuando Mixquic era un islote en medio del lago de Chalco\u2014, el pueblo tiene una relaci\u00f3n especial con la muerte. Mictlantecuhtli era la deidad mexica de los muertos, el custodio del bien morir durante el largo viaje por el inframundo. Una escultura suya, de cuerpo entero y terminada en una calavera sonriente con un tocado sobre el cr\u00e1neo, preside el patio de la iglesia, que a\u00fan forma parte del recinto del cementerio.<\/p>\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/5DOvhyykYox-bWIPPYDSxMbS_5o=\/1500x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/G5QCJK6SCVBMZPNQW2FILRL3IY.jpg\" alt=\"Restos humanos en un Tzompantli de la Parroquia de San Andr\u00e9s Mixquic\"\/><figcaption>Restos humanos en un Tzompantli de la Parroquia de San Andr\u00e9s MixquicTeresa de Miguel<\/figcaption><\/figure>\n\n\n<p>A Mictlantecuhtli lo encontraron los frailes franciscanos cuando empezaron levantar la iglesia sobre las ruinas del templo, arrasado en 1521 por las tropas de Cort\u00e9s. Parte de la cosmovisi\u00f3n nahua \u2014la cultura de los antiguos pueblos del valle de M\u00e9xico\u2014 sobrevivi\u00f3 sin embargo a la evangelizaci\u00f3n cat\u00f3lica, dando paso a este particular sincretismo m\u00edtico-religioso que mezcla calaveras sonrientes y patios barrocos.<\/p>\n\n\n<p>La expresi\u00f3n m\u00e1s acabada de este mestizaje es la celebraci\u00f3n <a href=\"https:\/\/elpais.com\/internacional\/2016\/11\/02\/mexico\/1478111899_470831.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">del D\u00eda de Muertos,<\/a> reconocida por la UNESCO como patrimonio cultural. El d\u00eda 2 de noviembre, d\u00eda de los Fieles Difuntos para la Iglesia Cat\u00f3lica, el pante\u00f3n de Mixquic se convierte en una gran fiesta con las tumbas decoradas y repletas de comida y bebida para agasajar a los muertos, que por un d\u00eda regresan a visitar a sus familiares. El fervor baja de intensidad durante el resto del a\u00f1o, pero cada sepelio sol\u00eda ser otra celebraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n<p>\u201cSi no fuera por el virus, ahora estar\u00edamos aqu\u00ed el triple de gente, habr\u00edamos contratado m\u00fasica en vivo y chupe. Pero todo eso ahora no se puede\u201d, cuenta Brandon desde el fondo del pante\u00f3n. La familia acaba de dejar el f\u00e9retro junto a la tumba que hab\u00edan abierto por la ma\u00f1ana. Han tra\u00eddo una cuerda para atar el ata\u00fad y poder bajarlo hasta el hoyo. No hay sepultureros en Mixquic y el p\u00e1rroco tampoco ha venido. Todo queda en familia. Durante la faena, los primos siguen fumando. Es por \u201cel aire\u201d. Tambi\u00e9n han tra\u00eddo una jarra con agua bendita. Antes de tapar con tierra el f\u00e9retro, han empapado de agua un crisantemo blanco y han rociado al ata\u00fad.<\/p>\n\n\n<p>\u201cEn una concepci\u00f3n tradicional de la muerte, como sucede en pueblos como Mixquic, es muy problem\u00e1tico no poder despedir a los difuntos seg\u00fan los rituales. Desde el punto de vista, digamos sobrenatural, y tambi\u00e9n desde el comunitario. Los funerales son eventos colectivos a los que suele acudir todo el pueblo y la pandemia est\u00e1 rompiendo las reglas\u201d, apunta el doctor en Estudios Mesoamericanos de la UNAM, Federico Navarrete. \u201cLa fiesta es un momento muy importante porque es el momento de afirmaci\u00f3n de los lazos sociales. La fiesta ritual marca el tr\u00e1nsito del difunto de miembro vivo de la comunidad a formar parte de los antepasados\u201d.<\/p>\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/6lllERCQb7UFgcXnIKWFQmu6Y-I=\/1500x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/IXJXS5J5BNGDHFCUNBSEHV24QI.jpg\" alt=\"Familiares de Uri Robledo entierran su f\u00e9retro en el cementerio de San Andr\u00e9s Mixquic.\"\/><figcaption>Familiares de Uri Robledo entierran su f\u00e9retro en el cementerio de San Andr\u00e9s Mixquic.Teresa de Miguel<\/figcaption><\/figure>\n\n\n<p>Entre la tumbas del cementerio hay botellas vac\u00edas de tequila y whisky. Recuerdos de los tiempos precovid. El guarda nos cuenta c\u00f3mo fue el sepelio de un chico joven que mataron hace unos meses. \u201cVinieron sus amigos, tra\u00edan muchas motos. Ya en la tarde se empezaron a tomar y a cantar. Pusieron canciones en una bocina, bien alto. Estuvieron un buen rato echando su relajo. Ya muy tarde su fueron bien tomados todos\u201d.<\/p>\n\n\n<p>En los estudios sobre lo mexicano, ha sido un lugar com\u00fan afirmar que su relaci\u00f3n con la muerte, esta supuesta burla y desprecio, apunta inconscientemente a un desprecio hacia la vida. En 1950, Octavio Paz escribi\u00f3 en <a href=\"https:\/\/librotea.elpais.com\/libros\/el-laberinto-de-la-soledad\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>El laberinto de la soledad<\/em><\/a><em>:<\/em> \u201cNuestra indiferencia ante la muerte es la otra cara de nuestra indiferencia ante la vida\u201d. Casi 40 a\u00f1os despu\u00e9s, el antrop\u00f3logo Roger Bartra impugn\u00f3 esta tesis, al considerar que se trata m\u00e1s bien de una proyecci\u00f3n de las clases altas, cultas y urbanas del M\u00e9xico moderno.<\/p>\n\n\n<p>Para Bartra, detr\u00e1s del mito de la indiferencia mexicana ante la muerte hay algo entre la fatalidad religiosa del mundo campesino y un desd\u00e9n se\u00f1orial por la vida de los pobres. \u201cEs una manifestaci\u00f3n del desprecio de las clases dominantes por la vida de los hombres que se encuentran en la miseria. Hay hombres cuya vida no vale mucho a los ojos de los amos\u201d, escribi\u00f3 en <a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2015\/09\/08\/actualidad\/1441716056_771320.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>La jaula de la melancol\u00eda <\/em><\/a>(1987), donde recoge la explicaci\u00f3n cient\u00edfica sobre por qu\u00e9 el hombre es el \u00fanico animal que es consciente de la inexorabilidad de la muerte. Decir que un ser humano no tiene miedo a la muerte es considerarlo como un animal.<\/p>\n\n\n<p>A los pies de la tumba de su abuela, Brandon parece inclinarse m\u00e1s bien por la tesis de Paz. \u201cNos pasa un poco como en \u00c1frica \u00bfno? Como somos pobres, se suele decir que el mexicano viene a sufrir en vida y cuando muere pues ya por fin va a descansar\u201d. La frase de Brandon recuerda a los personajes de los cuentos de Juan Rulfo, que tras sufrir la penalidades del campo sol\u00edan decir: \u201cSe alivi\u00f3 hasta de vivir\u201d. La cultura mexicana ha cimentado el mito del campesino como h\u00e9roe mestizo y tr\u00e1gico, sacrificado en el altar de las promesas incumplidas de la Revoluci\u00f3n. Para Bartra, \u201cla imaginer\u00eda nacional ha convertido a los campesinos en personajes dram\u00e1ticos, v\u00edctimas de la historia, ahogados en su propia tierra\u201d, seres melanc\u00f3licos, herederos de la supuesta pureza ind\u00edgena, que solo en la muerte encuentran la reconciliaci\u00f3n con el ed\u00e9n perdido.<\/p>\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La tristeza del mariachi<\/h2>\n\n\n<p>Es viernes por la tarde y Guillermo Pati\u00f1o arrastra su guitarr\u00f3n a la espalda y sus espuelas de charro por<a href=\"https:\/\/elpais.com\/sociedad\/2020-04-05\/ya-nadie-canta-en-garibaldi.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"> la plaza Garibaldi, el coraz\u00f3n mariachi<\/a> de la capital. Un viernes a esta hora ya deber\u00eda haber remolinos de gente. Los mariachis deber\u00edan estar cantando canciones a cambio de un pu\u00f1ado de pesos. Pero la plaza est\u00e1 desierta. \u201cNo hay mucha chamba, la verdad\u201d, reconoce Pati\u00f1o. Adem\u00e1s de sacar algo con las canciones, Garibaldi es el escaparate mariachi para alquilar sus servicios en bodas, serenatas, cumplea\u00f1os, velatorios y entierros. Pero los eventos tambi\u00e9n se han reducido. A los panteones ya no les dejan entrar y en este mes Pati\u00f1o solo ha tenido un velorio.<\/p>\n\n\n<p>En sus 50 a\u00f1os como mariachi pocas veces ha visto la plaza tan vac\u00eda. Su pap\u00e1 y su abuelo tambi\u00e9n fueron mariachis en Garibaldi. De ni\u00f1o, se escapaba a cantar en una vieja pulquer\u00eda del barrio. El resto de m\u00fasicos le llamaban El chicharito porque era diminuto como un guisante. Cuando creci\u00f3, panz\u00f3n pero robusto, piel tostada y un frondoso pelo tiz\u00f3n que todav\u00eda conserva a sus 63 a\u00f1os, le cambiaron el apodo por el de Frijol.<\/p>\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/zy7lJ_FbV_oPR8I0OLQJ_5iNH7Q=\/1500x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/OIFQ3FRHRZEWLHOEIAEOHKOKZM.jpg\" alt=\"Un mariachi espera que alg\u00fan cliente llegue a la Plaza Garibaldi. \"\/><figcaption>Un mariachi espera que alg\u00fan cliente llegue a la Plaza Garibaldi. Teresa de Miguel<\/figcaption><\/figure>\n\n\n<p>El \u00faltimo velorio fue a principios de mayo, entradas ya las medidas sanitarias m\u00e1s duras. Fue por Iztapalapa, uno de los barrios m\u00e1s populares de la ciudad. Hasta all\u00ed se lanz\u00f3 el Frijol con su banda en formato corto \u2014guitarr\u00f3n, vihuela, trompeta y dos violines\u2014 porque \u201cahora con lo de su sana distancia tampoco le dejan entrar\u00e1 a 10 mariachis en la funeraria\u201d. Pocos pero todos con el traje charro: botines de charol y espuelas, pantal\u00f3n y chaquetilla negros con ribetes plateados, camisa pachuque\u00f1a y corbata de rebozo, sombrero de ala ancha y cubrebocas. El folclor en tiempos de covid.<\/p>\n\n\n<p>El mariachi charro es uno de los s\u00edmbolos nacionales mexicanos. Y como toda imagen m\u00edtica, su construcci\u00f3n tampoco fue inocente. Hasta bien entrado el siglo XX, el mariachi apenas sonaba fuera de la costa oeste \u2014Jalisco, Nayarit y Colima\u2014 y su est\u00e9tica era la de un campesino humilde: poncho colorado, camisa de manta y huaraches. Era la ant\u00edtesis del lujo charro \u2014plateados, ribetes\u2014 de los hacendados criollos del norte del pa\u00eds, una est\u00e9tica asociada incluso a los polic\u00edas rurales y sus oscuras tareas de represi\u00f3n durante el porfiriato. Fueron dos mundos antag\u00f3nicos hasta el <em>boom<\/em> del cine mexicano de los a\u00f1os 30, que fusion\u00f3 ambas imaginarios con el nacimiento del charro cantor como prototipo, otra vez, mestizo.<\/p>\n\n\n<p>\u201cEl charro cantor \u2014escribe Enrique Serna en la antolog\u00eda <a href=\"https:\/\/www.megustaleer.mx\/libros\/mitos-mexicanos-nueva-edicin\/MMX-004937\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><em>Mitos mexicanos<\/em><\/a>\u2014 fue una figura que aboli\u00f3 las diferencias regionales. Un s\u00edmbolo de reconciliaci\u00f3n entre dos clases separadas por la Revoluci\u00f3n y que volvieron a encontrase en el M\u00e9xico id\u00edlico fabricado por nuestro cine: la m\u00fasica del pueblo vest\u00eda de gala y al antiguo patr\u00f3n arrogante asum\u00eda la personalidad de un bandido simp\u00e1tico\u201d. El nuevo h\u00e9roe nacional quedar\u00eda a su vez marcado desde su fundaci\u00f3n por defectos ancestrales asociados a lo mexicano: \u201cmachismo, fanfarroner\u00eda, alcoholismo, despreci\u00f3 a la vida\u201d.<\/p>\n\n\n<p>Una bala entr\u00f3 hace algunos a\u00f1os por la parte interior del b\u00edceps del Frijol y sali\u00f3 limpia por el otro costado. Su banda hab\u00eda estado tocando en una boda y a la salida del pueblo les robaron el dinero, todos lo instrumentos y hasta los botones plateados del traje. A los pocos d\u00edas, los ladrones pensaron que ser\u00eda una buena idea revender los instrumentos robados en la plaza Garibaldi. Los mariachis les identificaron y comenz\u00f3 la acci\u00f3n. El Frijol sali\u00f3 a la carrera detr\u00e1s de uno de los ladrones. \u201cLe agarr\u00e9 del cabello y le tir\u00e9 al suelo. Cuando se hizo para atr\u00e1s sac\u00f3 una escuadra [pistola de calibre grueso] y me dispar\u00f3 a quemarropa. Me alcanz\u00f3 el brazo izquierdo pero no el hueso\u201d. Desde entonces, el brazo del mariachi tiene dos cicatrices que parecen dos huesos de ciruela. \u00c9l mismo, cuenta, se lav\u00f3 la herida en su casa \u201cpara sacar la p\u00f3lvora\u201d, se puso un trapo y sali\u00f3 de nuevo a trabajar.<\/p>\n\n\n<p>El Frijol no tiene muy claro eso de que el mexicano desprecie la vida y se burle de la muerte, pero s\u00ed reconoce que en los pueblos ha visto a \u201cchamaquitos de 13 a\u00f1os con pistola fajada o echando pleitos a machetazos\u201d. Y eso, a todo el pueblo le parec\u00eda normal. Una de las canciones que le suelen pedir en los velorios y entierros, sobre todo cuando el difunto es un hombre mayor, es <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=sVinVgCrhQY\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Yo soy mexicano<\/a>, una ranchera popularizada en las pel\u00edculas de mariachis de los a\u00f1os 40 por Jorge Negrete:<\/p>\n\n\n<p>Yo soy mexicano y orgullo lo tengo<\/p>\n\n\n<p>Nac\u00ed despreciando la vida y la muerte<\/p>\n\n\n<p>Y si echo bravatas, tambi\u00e9n las sostengo<\/p>\n\n\n<p>Mi orgullo es ser charro, valiente y bragao<\/p>\n\n\n<p>Traer mi sombrero con plata bordao<\/p>\n\n\n<p>Que naide me diga que soy un rajao<\/p>\n\n\n<p>A todos esos c\u00f3digos \u2014fatalismo, bravuconer\u00eda, desapego a la vida\u2014 inscritos en la cultura popular habr\u00eda que a\u00f1adir uno m\u00e1s: la dimensi\u00f3n heroica, asociada de nuevo a la m\u00edstica revolucionaria. Si el mito del campesino estaba rodeado de resignaci\u00f3n, el h\u00e9roe mariachi es capaz de rebelarse con \u00e9pica ante el mundo bravo. Pero para ambos, seg\u00fan Bartra, el destino es el mismo: \u201cSumergidos en la amargura, la cultura nacional les propone el \u00fanico gesto heroico posible: morir f\u00e1cilmente, como solo los miserables saben hacerlo\u201d.<\/p>\n\n\n<p>\u201cM\u00e9xico es una cultura pesimista que sabe que la vida te va a romper el coraz\u00f3n. Las culturas pesimistas tienen hijos m\u00e1s generosos y funerales m\u00e1s opulentos\u201d, escribi\u00f3 en los noventa el autor chicano <a href=\"https:\/\/elpais.com\/diario\/2011\/05\/31\/ultima\/1306792802_850215.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Richard Rodr\u00edguez<\/a>, c\u00e9lebre por sus ensayos en los que compara la diferencias entre la cultura mexicana y estadounidense. En la vida y en la muerte. Las im\u00e1genes de Nueva York con fosas comunes y camiones de mudanza para almacenar cad\u00e1veres podr\u00eda considerarse la quintaesencia del pragmatismo austero anglosaj\u00f3n. En M\u00e9xico, la pandemia ha apagado las trompetas de los mariachis pero sus difuntos a\u00fan reclaman ser despedidos como h\u00e9roes.<\/p>\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Chicharr\u00f3n para los muertos<\/h2>\n\n\n<p>Una cruz de piedra negra sobre un pedestal. En el siguiente escal\u00f3n, calaveras talladas tambi\u00e9n en la piedra. Debajo, en una especie de recipiente abierto del tama\u00f1o de una ba\u00f1era, una pila de huesos humanos, un crucifijo de n\u00e1car, la cabeza de una mu\u00f1eca y otra figura peque\u00f1ita, un esqueleto con t\u00fanica cubri\u00e9ndole el cr\u00e1neo y una guada\u00f1a: la Santa Muerte, el reverso tenebroso del sincretismo mexicano, asociada al mundo del hampa y el narco.<\/p>\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/imagenes.elpais.com\/resizer\/G35BsNmfktQDSHxqk0ck221DRLo=\/1500x0\/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com\/prisa\/2HZE6A6CNNA4NFABQRAMPXNZTI.jpg\" alt=\"Tzompantli del cementerio de San Andr\u00e9s Mixquic.\"\/><figcaption>Tzompantli del cementerio de San Andr\u00e9s Mixquic.Teresa de Miguel<\/figcaption><\/figure>\n\n\n<p>A este ecl\u00e9ctica construcci\u00f3n levantada en medio del pante\u00f3n de Mixquic, Brandon le llama Tzompantli. El macabro altar donde los mexicas empalaban los cr\u00e1neos de los prisioneros, enviando un mensaje a sus enemigos y, de paso, un homenaje a Huitzilopochtli, dios de la guerra. Brandon dice tambi\u00e9n que esa es la entrada del Mictl\u00e1n, el hogar de los muertos por causas naturales, por la que se deslizar\u00e1 su abuela hasta cruzar las nueve puertas del inframundo.<\/p>\n\n\n<p>Burritos, pinole, pulque, chicharr\u00f3n. \u201cSe le ponen ofrendas a los difuntos para su largo viaje. Comida, bebida, incluso lumbre, para que pueden alumbrar el camino\u201d, dice Alejandro Mart\u00ednez mientras con unas pinzas introduce una corteza de cerdo gigante en grasa hirviendo. Mart\u00ednez trabaja en el puesto de chicharr\u00f3n de enfrente del cementerio y recuerda haber visto pasar marchas f\u00fanebres lideradas por caballos (porque el muerto era jinete) y tractores (porque era agricultor). Esta tarde, sin embargo, las calles est\u00e1n desiertas. Brandon y sus primos cargaron el f\u00e9retro de su abuela con la \u00fanica compa\u00f1\u00eda de una decena de familiares y los cuatro taxis vac\u00edos a las puertas del cementerio.<\/p>\n\n\n<p>\u201cLos pueblos nahuas cre\u00edan en una cierta perspectiva del peregrinaje. Exist\u00eda la concepci\u00f3n de viaje, de que se iba caminando incluso despu\u00e9s de la muerte\u201d, explica Blanca Paredes, historiadora y arque\u00f3loga del Instituto Nacional Antropolog\u00eda e Historia (INAH). El concepto de peregrinaje est\u00e1 tambi\u00e9n en la matriz del sincretismo entre tradiciones. Sin embargo, la concepci\u00f3n unitaria del alma cristiana chocaba con la atribuci\u00f3n a un mismo individuo de varias entidades an\u00edmicas, que marcaban un destino diferente al morir: los guerreros iban al tonatiuh, los de muerte natural al Mictl\u00e1n, los ahogados al Tlalocan, los lactantes al Chichihuacuauhco.<\/p>\n\n\n<p>La muerte no ten\u00eda la connotaci\u00f3n moral cristiana, (infierno y para\u00edso, castigo y premio) pero desde luego s\u00ed solemne y reverencial. \u201cSent\u00edan en forma punzante \u2014escribe Bartra\u2014 la angustia de la muerte, pero sus interpretaciones m\u00edtico-religiosas no contribu\u00edan, a diferencia del cristianismo, a adormecer ese sentimiento\u201d. Era una fen\u00f3meno cercano y natural porque no hab\u00eda un corte tan claro entre las dos esferas, una era la prolongaci\u00f3n de la otra. \u201cPon\u00edan el \u00e9nfasis en la vida, pero no en la salvaci\u00f3n individual dependiendo de los actos de cada uno&#8221;, explica el historiador de la UNAM. &#8220;Lo importante era la buena vida en comunidad que continuaba despu\u00e9s en la muerte. Los difuntos no viv\u00edan lejos, estaban la colina o en el pante\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n<p>En el cementerio de Mixquic, una de las tumbas tiene forma de pir\u00e1mide. Est\u00e1 la l\u00e1pida cubierta de plantas y en la cabecera hay una construcci\u00f3n cuadrangular de hormig\u00f3n, del tama\u00f1o de una mesa de ping-pong, distribuida por pisos y terminada en punta como en las zonas arqueol\u00f3gicas prehisp\u00e1nicas. Tiene una cruz cat\u00f3lica plantada al lado con una inscripci\u00f3n: Imelda San Miguel Garc\u00e9s (1032-2014). Regresa al cosmos. Feliz viaje\u201d. A Brandon le parece normal la pir\u00e1mide y el tzompantli con huesos humanos. \u201cSoy cristiano pero tambi\u00e9n creo en la tradici\u00f3n de mis mayores\u201d, dice mientras nos muestra con el celular una foto del altar de nueve pisos que prepararon para su abuelo el a\u00f1o pasado por el D\u00eda de Muertos. Nueve pisos que simbolizan los pasos hasta alcanzar el cielo. Nueve pisos para llegar al final del Mictl\u00e1n.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div><p id=\"pvc_stats_7818\" class=\"pvc_stats all  \" data-element-id=\"7818\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon small\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/ciesas.edu.mx\/investigacion\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p><div class=\"pvc_clear\"><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La pandemia del coronavirus no solo est\u00e1 arrebatando vidas y trabajos. 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Tambi\u00e9n ha quebrado los rituales y s\u00edmbolos funerarios esenciales para la identidad mexicana Asistentes al entierro de Uri Robledo, en San Andr\u00e9s Mixquic.Teresa de Miguel David Marcial P\u00e9rezM\u00e9xico &#8211; 31 may 2020 &#8211; 10:51 CDT Brandon y sus primos han estado toda la ma\u00f1ana raspando la tumba de su abuelo. Raspar significa cavar la tierra, quitar la l\u00e1pida, abrir el f\u00e9retro, guardar los huesos en bolsas y dejar espacio en el hoyo para el siguiente difunto. 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